lunes, 13 de abril de 2015

Los mensajeros de Dios

Anoche salí con los voluntarios de la Fundación Los mensajeros de Dios, quienes trabajan alimentando a los habitantes de las calles de Cali. 
A eso de las nueve de la noche, nos subimos unas diez personas, entre ellos los dos ancianos fundadores de éste lugar caritativo, a una minivan que nos llevó por entre las calles del centro de Cali. Calles que se encuentran ubicadas entre la nada, donde la basura pulula como si saliera de cada pared que resguarda estos pasadizos secretos para casi dos millones de habitantes de caleños* 

Nos bajamos en una esquina, ahí, era quizás el único lugar donde aún la lampara de la calle funcionaba, de resto se veían sombras caminas entre la oscuridad, sombras que se identificaban por el bazuco prendido y el humo que expulsaban. 

La anciana fundadora, me pidió que llevara unas cajas de icopor** con lentejas, muslos de pollo y arroz a cada persona que encontrara. Terminé regalando unas 20 cajas mientras mis acompañantes hacían lo mismo. 
Diez minutos después de llegar, casi unas cien personas estaban comiendo la cena que trajimos. Algunos no quisieron recibir, otros estaban casi inconscientes y no respondían a ningún estímulo. Entre los beneficiarios estaba una mujer indígena, de unos veinte años pensé, hasta que me contó que tenía catorce, que estaba ahí desde los 10 y que no recuerda de dónde venía. Me contó que tuvo un marido pero no ha aparecido desde hace varios meses, que le ha tocado salir a mendigar para tener donde dormir y que la comida que le estaba dando, era la primera que probaba desde hace dos días. 

Después de entregar la totalidad de las cajas, el anciano fundador nos pidió volver al auto; me despedí de la mujer y empecé a caminar, se acercó la anciana y mientras caminábamos por las calles oscuras inundadas a un olor entre bazuco y mierda, me contaba que esta labor la hacen una vez al mes, que a la indígena nunca la había visto, que la norma es que uno nunca se vuelve a encontrar con los mismos habitantes, que siempre son nuevas personas las que llenan la calle, que todos cuentan la misma historia y que debería tener cuidado. 

Abrumado subí al auto y abrumado llegué a mi casa. No pude dormir. 

Al medio día, mientras caminaba entre mi casa y la universidad, escuché una noticia sobre unos habitantes de la calle que amanecieron muertos en el centro de Cali, antes de entrar en pánico por las razones obvias, mi corazón entro en calma, por algo que aún no puedo explicar. 

Llegué a la universidad, les escribí a la fundación pidiendo ser voluntario para el próximo mes. 





*Caleño: Gentilicio de los habitantes de Cali, Ciudad del occidente de Colombia
**Icopor: Poliestireno expandido, es conocido con un nombre diferente en cada país.