lunes, 21 de junio de 2021

Instinto

 I

No sé cómo llegue aquí. 

Las manos llenas de tierra, la boca con sabor a hierro, sé lo que sucede. Parezco un hombre en medio de un descampado, al fondo se ven luces de casas oscuras, debo estar en un lugar alejado, se escucha lejano el pasar de autos a alta velocidad rompiendo el aire ¿Cómo llegué aquí? 

El aire es frío, entra con dificultad a mi cuerpo y sale con demasiada facilidad, me siento agitado y escupo lo que supongo debe ser sangre que no para de brotar ¿De dónde? me reviso la dentadura, hay varios dientes rotos, pero no duelen. 

Doy el primer paso y me duelen las costillas, con el segundo mi cabeza retumba, me duele todo, no veo nada bien. Empiezo a caminar en contra de mi voluntad, desearía estar acostado en una cama caliente, arropado hasta el cuello esperando que mi respiración se caliente ¿Tengo cama? ¿Tengo casa? 

El instinto es mi arma más fuerte, me decía alguien que ahora pasa como una sombra borrosa por un pasillo. Tengo sueño, pero no quiero dormir, estoy cansado, pero quiero caminar, me duelen los huesos y el frío los hace temblar ¿A dónde voy? ¿De dónde vengo? 

Llego hasta una casa de ladrillo construida en desorden, se ve que son habitantes pobres, pero por los vidrios en las ventanas puedo suponer que no son los más pobres de la zona ¿Dónde aprendí eso? toco con fuerza y después del cuarto intento veo una luz encenderse, un hombre barrigón se acerca en medio de sombras, asoma por la ventana, me ve de arriba a abajo y con una mueca de desaprobación se retira. Escucho la puerta, me abre. 

Es un tipo de casi dos metros de alto, con el pecho, las manos y los brazos peludos, las cejas con algunas canas y los labios gruesos cubiertos por un bigote mal cuidado, me siento indefenso y pequeño al lado de él. 

- No esperaba verte tan pronto - me dice mientras intento no toser por miedo a salpicarlo con sangre- supongo que te subestimé un poco, susurra mientras me ve con condescendencia. 

Silencio

Veo su mano del tamaño de mi rostro acercarse bruscamente y por un momento mi mente se va, regresa a las 6 horas anteriores donde hace un repaso de cada golpe recibido; entiendo el dolor de las costillas por las patadas y los dientes rotos por su puño, siento cuando me clavó un puñal en la pierna derecha y las 5 veces que perdí la consciencia mientras me ahorcaba, mi cuerpo reacciona a cada dolor recibido y antes de ser capturado de nuevo por las manos peludas que me han torturado, giro a un costado, con la mano sin dedos rotos alcanzo sus ojos y presiono con toda la fuerza que poseo, siento un puñal entrar en la costilla pero no importa, sus gritos me dan la fuerza necesaria para seguir presionando. Salta un ligero líquido de su mirada mientras el metal entra y sale sin hacerme el suficiente daño. 

Las puñaladas terminan, los gritos se callan, hay silencio. 

Doy dos pasos atrás y veo ese enorme cuerpo inerte con un pequeño rastro de sangre que sale de su rostro demacrado. Me duele todo y a la vez no siento nada. Intento respirar profundo y el aire se regresa por el impulso de la sangre. Me arrodillo, todo da vueltas y está estático a la vez, no tengo control sobre nada y el mundo me domina, escucho pasos cerca y me dejo morir. 

II

Hay una luz blanca tenue que entra por debajo de una puerta, se escuchan pasos y conversaciones susurradas afuera. Siento que mi cabeza se parte en 2 suavemente, las manos no reaccionan y no sé cómo decirles a mis pies que se muevan. No sé cómo hablar, no recuerdo nada más allá del cuerpo de un oso fenecer en mis manos. Cierro los ojos. 

Es de día, se escuchan autos en la calle, creo que está lloviendo. Me doy cuenta que hay un tubo en mi boca que debe ir hasta mis pulmones, al frente un hombre y una mujer intentan sacarlo, siento que puedo respirar por primera vez en mi vida, las manos me duelen. 

Me explican que un hombre cualquiera, un día cualquiera, decidió capturarme y torturarme para su placer, al parecer era su séptima víctima. Las otras seis eran llevadas a la fuerza a las afueras de la ciudad, en un barrio invadido por habitantes de calle y delincuentes, donde los gritos eran más cotidianos que en otros lugares de la ciudad. Las ataban y torturaban, cuando perdían la consciencia por los golpes, eran dejados cerca para que regresaran pidiendo ayuda y ahí volvían a jugar con ellas hasta sacar el último aliento de vida y esperanza. 

Con el pasar del tiempo mi cuerpo se recupera, mi mente se aclara un poco más. Más allá de un par de visitas de la policía y un periodista buscando el titular de la prensa amarillista, nadie vino a verme, debo ser un solitario. Reconstruyendo mi vida con los detectives, supe que trabajaba en una empresa de tecnología, que estaba soltero, sin amigos, que era una víctima perfecta para el asesino, que tuve contacto con él varias veces porque eso hacen ellos, que él me seleccionó porque era fácil elegirme. 

III

Han pasado siete meses desde el día que salí del hospital, aún tengo algunos tics en el movimiento por causa de los nervios dañados por las puñaladas y patadas, a veces me duelen los dientes nuevos, no logro caminar completamente erguido y la cicatriz de la pierna me arde en los días de lluvia.

Regresé al trabajo y después de un par de almuerzos comentando lo sucedido todo volvió a la normalidad. Me levanto en las mañanas, trabajo por 8 horas, regreso a casa a ver alguna película o serie, duermo. A pesar de los cambios físicos internos, he logrado recuperar mi rutina.

A veces, en medio de la noche, me despierto con el cuerpo cubierto en sudor y sangre en la boca producto de morderme dormido. Me doy una ducha, salgo a la calle y tomo un taxi, camino por medio de barrios vacíos hasta llegar a aquella casa que aún conserva sus vidrios. Entro con la llave que él me dio, escucho en mi cabeza “el instinto es tu arma más fuerte” mientras subo las escaleras a una terraza desolada con manchas de sangre en el suelo. Miro al descampado y espero en silencio.

Un cuerpo se levanta en medio de la nada, cojea, se lamenta, escupe sangre, camina en mi dirección.  

Sé cómo llegue aquí.