viernes, 28 de marzo de 2014

Prueba

La espalda le suda, se siente incomodo en la silla de soporte de metal y cojines delgados por el uso, pasa una enfermera de cabello negro y siente un pequeño olor a fresas, él sabe que las enfermeras no deben usar lociones sin embargo su color de cabello y su uniforme blanco combinan a la perfección con su olor a fresas silvestres.
Sus manos huelen a Marlboro y siente necesidad de un cigarrillo, pero sabe que debe esperar, que está en la sala de espera mientras varias enfermeras, médicos, pacientes, mensajeros de otros lugares, aseadores y uno que otro mosquito se pasan por su frente mirando sus ojos llenos de miedo , llenos de la incertidumbre que produce el no saber algo que una de las personas que camina frente a él debe saber.

Pasan cinco minutos desde que pasó la enfermera pero en el tiempo personal su cuerpo se siente quinientos años más viejos, el sudor que ha terminado de bajar por su espalda duró cien años en cada poro, la eternidad de la espera no se controla por el tiempo de los relojes, sólo por el tiempo de nuestras sensaciones. No sabe si levantarse y caminar, quizás leer todos los carteles sobre el cuidado de las embarazadas, sobre la invitación a hacerse la citología y reclamar los resultados, sobre el uso de anticonceptivos y el cuidado del cuerpo, al fondo del lugar puede ver (su vista siempre ha sido buena) un cartel con dos hombre besándose mientras uno sostiene en la mano un condón.

No sabe qué hacer y el sudor le ha llegado a las manos, llaman a un tipo que estuvo tosiendo durante más de 3 minutos seguidos según él, aunque el tipo que tosía sintió que el tiempo fue infinito, que sus pulmones se cerraban con fuerza por largos lapsos y que el aire era muy poco, sintió por un momento que estaba muriendo y lo único que afirmaba su existencia era la tos, se aferraba a ella para respirar pero no se sentía respirar, era sólo un tipo con gorro gris tosiendo en una silla de metal incomoda por culpa del uso constante en los últimos 5 años.

Una enfermera rubia que después él sabrá que huele a loción de hombre que después descubrirá es la misma loción del médico que con cara de preocupación lo atenderá, dice su nombre.
Se levanta y mira al rededor, sólo hay un mosquito que lo mira con prejuicio, las otras personas están concentradas en el programa de la mañana donde sale un hombre gordo rodeado de modelos anoréxicas que con el tiempo se suicidarán. 
Entra en un consultorio un poco desgastado, con una pared pintada de mala gana y un olor a agua de inodoro que entra por una puerta entrecerrada. Él se siente como en la cama de su antigua casa en la que encontró a su esposa con dos mujeres, una de ellas la vecina que él siempre amó en secreto.
Se sienta y la cara del médico es demasiado sería lo cual le hace sentir que hay algo de cómico en la situación. El médico le informa que el resultado es negativo pero que no por ello debe de dejar de tener cuidado, que hacer una prueba de esas es sólo una muestra de lo descuidado que es con la vida, que las relaciones sexuales no son un juego en donde el arriesgarse a morir después de ellas sea algo real, que la muerte es real y permanente mientras el placer del sexo muere un segundo después de terminado el acto. 

Él intenta escuchar sin inmutarse, sabe que lo siguiente en su vida es ir a recoger las cosas de su antigua casa, ir al nuevo apartamento que su mejor amigo le ha prestado mientras él se va de viaje, sabe que debe mirar a los ojos a alguien que ya no tiene la mirada de amor que siempre tuvo para él, que le debe pedir perdón por no saber lo que ella siente, por no poder seguirla en su nueva y última etapa de la vida, sabe que debe disculparse por no tener VIH como ella. Se quiere ir de ese lugar entonces para callar al médico y su perorata sobre la vida segura sin sexo, sólo le recuerda que la enfermera rubia también se debe de acostar con otras personas distintas a él y que si no usa condón puede terminar en la silla de paciente recibiendo la peor noticia de su vida, que se debe cuidar porque las enfermeras y sobre todo las que se roban la loción de sus amantes son las mujeres más peligrosas del mundo, claro, después de las mujeres enamoradas.

Sale del edificio blanco por dentro, gris por fuera y sonríe al ver que el sol sigue brillando.

jueves, 20 de marzo de 2014

Día no normal.

Esta mañana es particularmente distinta a las otras, hoy la respiración del cuarto de al lado le ha despertado, los ojos le han pesado y después de dos intentos de dormir se ha levantado completamente molesta.
Hoy es un día particularmente distinto, en tanto ella se ha levantado sola a cepillarse los dientes, desayunar  y vuelto a cepillar los dientes tal y como la abuela le ha enseñado a sus hijas y a las hijas de sus hijas.
Hoy te levantas pensando en lo que nunca pensaste, en los días previos a que ella naciera, en las noches vomitando en el baño sosteniendo la panza que ya empezaba a crecer con ella adentro, en los antojos que nadie nunca cumplió, de los deseos sexuales que lograste cumplir sólo con el chico demasiado pequeño para su edad que vivía a dos casas de la tuya. Te levantas pensando en sus primeras noches en este mundo hace ya diez años y unos cuantos meses, en las que nadie dormía, ni vos, ni ella, ni los vecinos.

Recuerdas cuando aprendiste a cambiarle los pañales con una sola mano, cuando la cargabas a las 5 y media de la mañana llevándola a la guardería para que la cuidaran mientras volvías a la clínica a ser de auxiliar como siempre lo hiciste en los últimos 17 años. 
Hoy es un día no normal porque despertarte pensándola tanto mientras la ves haciendo sus deberes en la sala.

"Siempre seremos tu y yo" le dijiste el día que por pelear en el colegio te tocó salir del trabajo, ella estaba embarrada de pies a cabeza, con un zapato en la mano y el rostro bañado en llanto. Recuerdas los días en que el trasnoche llegó como resultado de sus enfermedades, siempre tan frágil en tus manos, siempre tan fuerte para la vida.

Caminas a la cocina y ves un calendario, 9 de diciembre es el día de hoy y te sientes particularmente rara. No sabes explicar qué es lo pasa con tu estómago que se retuerce, con un pequeño dolor de cabeza que amenaza con aumentar, con las manos frías y los labios secos. No te sientes bien y la ves a ella tan hermosa como siempre con su cabello negro cantando canciones que nunca escuchaste.

Caminas con voluntad, con decisión, no sabes cómo sacaste las fuerzas de tu estómago pero ya vas caminando contra ella, con la mano cerrada le das un golpe en la cabeza, ella no ha alcanzado a reaccionar cuando tus manos le cubren el cuello, la ahorcas y sientes sus manos tocar las tuyas, son tibias, con sudor, la aprietas con fuerza y antes de que la primera lágrima ruede por su mejilla sientes como algo que está dentro de tus manos se rompe.

Te levantas, vuelves a la cocina, con el cuchillo que tiene más filo vuelves a su cuerpo, cortas en partes lo que antes era un solo cuerpo, es como un rompecabezas que decidiste separar. Lo metes todo en una bolsa negra que tenías para la basura de su cuarto. Sales a la calle y la dejas en el botadero de basura, vuelves a casa, limpias todo lo que se debe limpiar, te sirves un chocolate como a ella le gustaba y sientes que tu estómago y tu mente se han calmado.

martes, 11 de marzo de 2014

Pienso...

"Poesía Vertical I

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí, 
que solo yo me pienso, 
y si ahora muriese, 
nadie, ni yo, me pensaría. 

Y aquí empieza el abismo, 
como cuando me duermo. 
Soy mi propio sostén y me lo quito. 
Contribuyo a tapizar de ausencia todo. 

Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo. " 
Juarroz


Blog 0.5

Se sienta frente al computador, lleva pijama de rayas negras con lunas en los pezones y un sol en donde se supone va el ombligo, toma aire y lo retiene en el vientre, abre la página de inicio de Blogger y con un parpadeo lento, quizás con una leve intención de cerrar los ojos y no abrirlos observa las nuevas entradas de los 27,5 blog's que sigue. 

Son 27,5 porque hay un blog que sigue a escondidas, que no lo dice abiertamente, lo lee en las noches, sólo en las noches. Se pasa el día repitiendo las frases o recordando los colores de la última fotografía, mientras hay sol vive pensando en lo leído la noche anterior, vive pensando en lo que nuevo que podrá leer en la noche, vive pensando en la vida del otro, de esa persona que escribe, sin forma pero con sombra, sin voz pero con habla, sin conocerla pero sabiendo de ella todo lo que ella ha dejado saber de sí misma.

Los otros 27 blog's no importan de a mucho a diario, quizás encuentre en ellos una buena entrada, una buena reseña de alguna obra de teatro de alguna parte del mundo, alguna opinión política o algún grito desesperado de soledad de alguno de esos blog's suicidas que tanto inundan la red. Pero este punto cinco es especial, es el único que la hace sentir identificada, que parece ser un diario de ella sin ella ser quién lo escribe, es el blog de alguien que no importa en tanto ese alguien es igual a ella, es ella reflejada en las palabras de alguien. 
Al principio, cuando lo encontró por casualidad mientras buscaba su nombre en Google, se topó con un blog con una entrada con su nombre que describía un día de su vida hace muchas vidas ahora, hace un tiempo cuando ella era distinta siendo la misma, era como leer su pasado por un presente extraño, cargado de otredad. Al principio fue  miedo, un poco sentirse observada por algo o alguien, después sintió algo de morbo, de obseno en los actos del dueño del blog, después descubrió que era mujer porque así lo declaraba en una entrada y se sintió ella, se sintió igual, un reflejo dado en una pantalla. Ahora, cuando llega del trabajo directo al computador, revisa que hay una entrada nueva y se va a la ducha a pensar en lo nuevo que vendrá, busca en su vida momentos heroicos, momentos divertidos, momentos excitantes que puedan ser descritos esta noche. Sabe que publica al medio día, pero ella lo ha vuelto un ritual; salir de la ducha, hacer algo ligero de comida y sentarse empijamada a leer lo que tanto espera. 

"Hoy no fue un buen día, hoy no logré lo que esperaba, hoy me acerqué a lo fatidico, al vacío de lo perdido, de lo que no existe, no se encuentra, hoy no fui más que una sombra de alguien que nunca he sido yo, hoy me he perdido y esta entrada ha sido la única forma de que usted querida lectora pueda hacer el papel de mi vida y me intente encontrar. 

Vivo en la avenida San Cristóbal, estoy desnuda y he escrito esta entrada como única prueba de que no he sido sólo yo la única afectada. Usted, mujer igual que yo pero distinta, usted me conoce como nadie más, usted, la única que ha leído estas entradas a lo largo de este año, usted es la última persona que sabrá de mí.

Vivo en la casa 17 contando desde la esquina sur, reconocerá mi casa por no tener números afuera y una fachada limpia, traslucida en proyecto de caerse. Hoy la vi, sentada afuera de su oficina, se comía una galleta de ajonjolí y lo disfrutaba como si fuera un mangar de esos que nunca hemos probado. Intenté acercarme a su cuerpo, pero mi olor no me agrado para nuestro encuentro ¿Sabe cuanto llevo esperando verla? Pues más de lo que usted sabe. 
Desde el colegio la conozco, desde la universidad la he amado, desde que empezó su trabajo como mesera en el restaurante de Carlos me ha obsesionado ¿Sabe que tengo un diario con su nombre el cual publico todas las noches sólo para usted?

Pero no se trata de historias tristes ni nada de eso. Usted es un amor imposible de esos que se convierte en letras que nadie lee, usted es mi blog y mi promesa de mejor persona, usted fue la última mujer que logré ver este día.
Ahora que sabe dónde vivo y dónde me encuentro desnuda esperando su presencia, ahora le pido que por favor este blog, ya nunca  más lo lea.

Con amor, tu compañera en la clase de español en la que junta expusimos sobre las ventajas de la prosa sobre el verso, allá en el grado tercero."

Ella cierra el blog, apaga el computador y prende el televisor mientras piensa que hace mucho no ve televisión.

sábado, 8 de marzo de 2014

Fiebre

Abres un ojo, el otro se quedó cerrado y tienes la mitad de la perspectiva de la habitación oscura. Al primer intento de respirar consciente tu nariz se quema, la mano derecha al cuello y sientes que arde, te levantas, abres los dos ojos y todo sigue igual de oscuro que en tus sueños. 
Tomar aire por la nariz y evitar abrir la boca, caminas buscando algo que sabes debe estar por ahí, la encuentras después de patearla, el sonido del cristal rodando te dice dónde está. La levantas y un buen sorbo te devuelve la sensación de que tu piel no se ha ido aún, te erizas y sientes los demonios salir de tu boca.

Sales a la sala y prendes el televisor, no hay nada, nunca hay nada, buscas en el computador y sólo de verlo sientes mareo, vuelves a la cama y cierras los ojos, acostado intentas ahogarte en licor y desistes al acabarse la botella. Susurras su nombre y te quedas dormido.

jueves, 6 de marzo de 2014

Momento

Escuchar mientras se lee Moment of surrender 

Ella estaba convencida de amarlo aunque no lo conociera, lo observaba por las calles de un espacio limitado caminar como un ser humano con algo de normal, con algo de particular que lo hizo sobresalir entre multitudes de humanos normales de la misma ciudadela limitada.


Ella lo amaba pero no esperaba nada de él. Ella consiguió un nuevo querer y siguió su camino.

Un día cuando ella estaba sola y él se reafirmaba en su soledad (de esas soledades que hacen que cualquier persona a su alrededor se sienta insignificante), chocaron sus cuerpos con la intención de sentir algo, ella lo amó, él la conoció, supo de ella, del sabor de su sudor, del olor de su sexo, de la presión que ella usaba en los dedos a la hora de abrazar su cuerpo.

Ella no esperaba nada de él y decidió volver a su querer, él después de conocerla quería acercarse a ella, pero ella ya se había confundido con la multitud de humanos de la limitada ciudadela.

Ella siguió, él se quedó sentado en el suelo pensando en su derrota, en el dolor que ello le provocaba, en el dolor que no se lograba ocultar, en la multitud de personas que pasaron por su lado y nunca supieron de él.

Él se quedó sentado en el lugar donde se rindió.

miércoles, 5 de marzo de 2014

5

Todo empieza con una canción de Pink Floyd, una pequeña tos que no se escucha bien y subirle el volumen para escucharla, caminar al balcón y encender el último cigarrillo que queda de la cajetilla comprada hace un día.

Hace un frío ni el más ijueputa en Cali, el viento se conserva con un cierto tufo de hielo al momento del tacto, mi piel se eriza y luego se eriza por erizarse. Llevo dos horas con las mismas hojas que hablan sobre el pasado y el pasado me habla de los muertos y los muertos me hablan como si existieran, como si aquello que han dejado como rastro fuera real, como si el pasado fuera a lo único que me puedo aferrar, en lo único que puedo creer.

Me encierro en dos inseguridades que se desarrollaron a lo largo del día por medio de la experiencia del pasado (real) y la presunción de aquello que sucede en el presente (imaginación). Aspiro el cigarrillo casi como suplica de que limpie mis pulmones y me encierro en un nuevo cuarto de certezas que se construyen bajo la duda, si dudas de algo no es verdad me susurra mi sombra en el oído y me dejo llevar por la guitarra de Roger Waters.

Empiezo a recordar que mi sombra últimamente me ha abandonado cuando tengo que cruzar avenidas en medio de los carros, que me empujó esta noche cuando a dos cuadras de mi casa (que no es mi casa, pero es lo más cerca a un hogar que he llegado a tener en la vida), mi cuerpo se paralizó y se quedó esperando que la camioneta blanca que aceleraba en curva, me hiciera el favor de llevarme por delante. 

Desconfío de mi sombra.

What have we found? me pregunta Roger y no sé como responder que no había nada que encontrar; que aquello que nos propusimos como meta hace tanto tiempo no era más que la ilusión de unos jóvenes que ya no existen más, que la vida se encargó de llevarnos a la muerte de formas tan variadas que hace creer en un juego maléfico en nuestra contra, que no hay nada que pretender, que retener, que valorar, que recordar, que sentir, que olvidar, que recordar, que fumar, que beber y que esta noche un bourbon, un cigarrillo o un abrazo me podrían salvar la vida.


Un trago profundo de agua y vuelvo a leer, después de una guitarra triste viene una imagen que no esperaba encontrar, ella es blanca con el cabello hasta los hombros, lleva una camisa con un mensaje en burla de los que consumen marihuana, lleva unos zapatos azules de puntos azul oscuro, lleva gafas azules y una pulsera de un festival de cine, lleva una sonrisa y marcas que hace mucho no veía. Se acerca y me abraza, el frío se va, el olor a cigarrillo desaparece, la sed cesa, la desesperación de las decisiones ajenas que nada tienen que ver conmigo se pierde entre certezas propias, la angustia muere y la canción termina.

Abro los ojos, me he quedado dormido en el balcón, han pasado dos minutos y siento que no he dormido en días. Como un anciano que necesita ayuda para poder respirar y levantarse del suelo al mismo tiempo me levanto, me quito un par de lágrimas que se han fugado de mis ojos. 
Me siento en el computador con la mirada misma que hace mucho aprendí a ocultar, hago repetir la última canción y me pregunto si mañana tendré el valor de detenerme en la autopista justo frente al auto más grande jamás visto...digo...sólo por si las dudas.

martes, 4 de marzo de 2014

El cordón del zapato


De Charles Bukowski

"Una mujer, una rueda
ponchada, una
enfermedad, un deseo; temores ante ti,
temores que puedes estudiar
como las piezas de un
tablero de ajedrez...
no son las cosas importantes las que
llevan a un hombre al
manicomio. Estate preparado para la muerte o para
el asesinato, el incesto, el robo, el incendio,
la inundación.
No, es la serie continua de pequeñas tragedias
lo que lleva a un hombre al
manicomio...
no es la muerte de su amor
sino el cordón de su zapato que se rompe cuando tiene prisa.

El horror de la vida.
es ese enjambre de trivialidades
lo que puede matar más deprisa que el cáncer
y siempre están ahí:
la matrícula del automóvil o los impuestos
o la licencia para conducir vencida
o los contratos o los despidos,
hacerlo tú o que te lo hagan, o
el estreñimiento
o las multas por exceso de velocidad,
polillas o grillos o ratitas o termitas o
cucarachas o moscas y
la tela metálica que se
ha roto,
o pasarse
o no llegar,
o el lavamanos tapado o la casera borracha,
al presidente no le importa y el gobernador
está loco.
El interruptor de la luz roto, o el colchón como
un puerco espín,
105 dólares por la puesta a punto, el carburador y la bomba de
gasolina en Sears Roebuck,
y el recibo del teléfono que sube y la Bolsa
que baja
y la cadena del baño que se ha
roto
y la instalación de la luz que se ha quemado,
la luz de la entrada, la luz del frente, la luz de atrás,
la luz del interior; está más
oscuro que el infierno y
es el doble de caro.
y además siempre hay ladillas y uñas que se encarnan
y gente que insiste que son
amigos tuyos;
siempre hay eso y cosas peores:
grifos que gotean, Cristo y la Navidad,
el salami azul, 9 días de lluvia,
50 centavos de aguacates
y embutido de hígado
morado.

O meterse
de camarera en Norm's con turno doble,
o de vaciador de
orinales,
o de lavacoches o de pinche de cocina
o de ladrón de bolsos de ancianas
que las deja gritando en la acera
con un brazo roto a la edad de
80 años.

De pronto 2 luces rojas en tu espejo retrovisor
y sangre en
la ropa interior;
dolor de muelas y 979 dólares por un puente
o 300 dólares por una muela
de oro,
y China y Rusia y Estados Unidos y
pelo largo y pelo corto y nada de
pelo y barba y sin rostro,
y muchos papeles de liar pero ninguna
hierba excepto tal vez la del jardín.

Con cada cordón de zapato que se rompe
de entre cien cordones de zapato que se rompen,
un hombre o una mujer o una
cosa
va a parar al
manicomio.

Así que ten cuidado
al agacharte."

lunes, 3 de marzo de 2014

3 de febrero

"23 enero 2012

Hoy estaba acostada en un sofá rojo que siempre quiso para la sala de su casa soñada, con los ojos cerrados y una sonrisa en su rostro, yo caminaba de la mano de una niña que nunca tuvimos y cuando me acerqué a ella mi cuerpo se estremeció y desperté llorando, no puedo resistir más esto.

24 de enero

Me desperté llorando y no recuerdo qué soñé, debí soñar con ella, estoy seguro.

25 de enero

Caminamos por entre un camino de cañaduzales cortados, el olor dulce se combina en el aire con el olor del sudor de los negros corteros, mis manos están sin lineas y el sudor de mi frente me dice que va a llover. Ella con sus ojos grises mira distante al horizonte donde una montaña azul parece caída del cielo, ella anda con zapatos rojos, los mismos que nunca le vi puestos y deseo besarla, pero siento un golpe de calor y ella sin mirarme me suelta la mano, mi cuerpo cae y despierto lleno de sudor y con una mano cortada contra el cristal de la botella que se rompió hace un par de noches.

30 de enero

Llevo 4 días sin dormir, tengo fiebre, quizás me he quedado dormido sin saber pero mi mente no recuerda, son pequeños segundos donde el cerebro agotado me deja fuera de linea, pero regreso y el miedo se manifiesta en mi estómago débil que me arrastra al baño. Sentado en la taza paso horas en las que duermo, leo y me deshidrato en pequeñas dosis. A veces me quedo mirando un punto fijo por largo tiempo, me he tomado cuanta pasta encuentro en la casa. 

He fumado suficiente hierba como para igualarme a cualquier estrella de rock, ella debe estar viva me aseguro cada vez que me levanto del baño a buscar algo de bourbon para atacar lo deshidratado.

3 de febrero

Danzo desnudo por la casa, me he concentrado en escribir sobre mi vida en las paredes de esta casa que fue suya que fue mía y que ahora le pertenece al humo que sale de la pipa que me encontré entre las cajas que escondí el día que ella llego a esta casa. Pienso en mi esposa y en como debe estar disfrutando la vida haciendo miserable a alguien más, pienso en mi madre y sus últimos días en el hospital bromeando con el enfermero gay que siempre la cuidaba, ese fue un buen hombre, recuerdo que fue al entierro y la lloro como todos, como todos menos yo, porque yo no iba a llorar en el entierro de quién siempre se avergonzó de mí, de esa bruja, de esa maldita, ojalá se pudra en el infierno.

Pienso en mi padre y me quedo como un comatoso al momento de despertar, totalmente sorprendido de no encontrar ningún juicio contra él, quizás él ya no existe para mí.

Me detengo de dar giros con la pipa en una mano y en la otra la última botella de whisky que queda en casa, no puedo dejar que la droga y el licor se detengan, ellos me dejan dormir sin soñar, no la puedo ¡NO LA PUEDO SOÑAR!"

El 3 de febrero el oficial Gómez entra por la fuerza en la casa del ingeniero Carlos Paz quién no se reportó a trabajar en los últimos 7 días, los cuales eran sus primeros días de trabajo después de la licencia que le dieron a causa de la muerte de su hija el 1 de enero en un accidente que vinculaba a un hombre en estado de embriaguez el cual la atropello. 

Según e informe del oficial, el señor Paz se encontraba ahorcado en la habitación principal, con una botella de licor vacía en su mano derecha y una serie de cortaduras con cristal en su mano izquierda, estaba desnudo y en la pared con algo que al parecer era una mezcla entre excremento y sangre estaba escrito el nombre de Angela, el cual corresponde al nombre de la difunta hija del señor Paz.

Lo anterior citado, son las 3 únicas hojas del único libro que se encontró en el lugar de los hechos.